El puerto de Valparaíso brillaba bajo el sol de verano. Arturo Prat, con su uniforme impecable y esa mirada seria que hacía temblar a medio Chile, caminaba por el muelle revisando los preparativos del buque.
Gabibi estaba apoyada en un poste, con el cabello suelto y una sonrisa traviesa, bromeando con él como siempre.
—Capitán, si sigues mirándome así voy a pensar que prefiere quedarse en tierra firme conmigo en vez de irse a la gloria —le dijo, guiñándole un ojo.
Arturo soltó una risa baja, casi tímida.
—Gabibi, usted es un peligro para la disciplina naval.
En ese momento, Anto apareció caminando por el muelle con paso decidido. Llevaba un vestido sencillo pero elegante, y en cuanto Arturo la vio, su expresión cambió. Esa mirada que le dedicaba a Gabibi se suavizó de otra forma… más profunda, más nerviosa.
—Anto —murmuró él, casi sin darse cuenta.